Innovación y Destrucción Creativa, el Nobel de Economía 2025.
- Omar Romero
- 21 oct
- 4 Min. de lectura

Innovación no es todo lo que brilla. No todo avance es progreso. A veces es un eco del pasado, o sencillamente un espejo brillante.
Nobel de Economía 2025: La energía de lo nuevo
En 2025, Mokyr, Aghion y Howitt recibieron el Nobel de Economía por recordarnos algo incómodo:
Crear no es suficiente. Hay que destruir. Empresas, gremios, dogmas y estructuras que se volvieron estatuas del pasado.
Su trabajo no celebró la disrupción vacía, sino la valentía de desarmar para volver a armar. La destrucción creativa es la forma en que AL INNOVAR la humanidad respira evitando asfixiarse en su propio éxito, hay que cerrar empresas e industrias enteras deben quedarse atrás. Dejar pasar esto es vivir en una ilusión corporativa, creer que se trabaja en una empresa utópica o en una industria que crecerá más allá del cielo. No. Toda organización que no acepte que tiene una fecha de expiración haciendo lo mismo una y otra vez está destinada a ser sorprendida por la historia.
El mensaje del Nobel fue claro: innovar no es añadir más cosas, es tener el coraje de borrar lo que ya no sirve. Porque el futuro no se diseña con miedo, se forja entre los restos de lo que nos atrevimos a quemar.
¿Pero qué cosa es la Innovación?
Para no quedarnos atrapados en la definición —ni en el romanticismo del término— conviene mirar los datos, no los slogans. Por eso el ASPI Critical Technology Tracker no es un ranking más: es un espejo adelantado. https://techtracker.aspi.org.au/
ASPI: 20 años midiendo quién domina y prediciendo cómo se moverá la brújula de poder global.
Ampliaron su base en 2024 a 64 tecnologías, con dos décadas de historia (2003–2023), miden el 10% de las publicaciones científicas más citadas, no patentes ni productos. Miden promesas respaldadas por white papers de empresas e instituciones, no ruido. Mide capacidad futura, no reputación presente.
El tracker no fue diseñado para aplaudir ganadores, sino para ayudar a decidir: a gobiernos, inversionistas y aliados que necesitan entender hacia dónde migra el talento científico. Y si uno sigue ese flujo, la evidencia es brutal: China lidera en 57 de las 64 tecnologías; Estados Unidos, que en 2003 dominaba 60, hoy retiene apenas 7.
No es una guerra fría sino una mudanza de poder científico...y el barco ya zarpó.
América Latina, sin brújula pero con mapa
Como latinos no figuramos en el top 5 del tracker, pero sí tenemos el mapa sobre la mesa. Y eso basta para empezar a mover fichas.
Brasil y México, con despliegues de 5G nacionales, pueden convertirse en plataformas de IA con las primeras ciudades inteligentes de la región. Serán, probablemente, los primeros territorios donde veremos implementaciones de automatización vehicular, ya comunes en otros puntos del planeta.
En computación, Brasil consolida su apuesta con Scala Data Centers y su proyecto de AI City, una forma elegante de convertirse en un cluster estratégico global. En inteligencia artificial, la frontera se mueve de los modelos de lenguaje (LLMs) a los modelos de acción (LAMs), capaces de aprender del comportamiento humano y ejecutar tareas en el mundo físico. Eso reescribe la manufactura, la minería y los servicios financieros... y pienso que quizá los sistemas de defensa y control policial.
Pero no son los únicos movimientos del tablero. Colombia empieza a mostrar músculo en minería inteligente y automatización de materiales, impulsada por proyectos piloto en Antioquia y el altiplano que combinan sensores IoT, robótica y trazabilidad ESG, El país tiene un rol estratégico en la conversación sobre gemelos digitales (representaciones del mundo real, tokenización incluso de activos) y productividad minera, pero su deuda sigue siendo la institucionalidad que permita escalar... es decir, LOS GOBIERNOS NECESITAN MOVERSE A LA VELOCIDAD DE SECTOR PRIVADO Y ACADEMIA.
Chile, por su parte, ya es un hub natural de energía limpia y experimentación climática. Su infraestructura y sus universidades sostienen laboratorios de captura de carbono, genómica aplicada a alimentos y trazabilidad hídrica, temas donde la región puede pasar del discurso a la ventaja competitiva. Si hay un país que puede hacer del cambio climático un negocio sostenible, es Chile.
Uruguay y Argentina empujan desde otra orilla: la de los biomateriales y biotecnologías de alimentos alternativos. Montevideo está incubando startups que combinan IA y bioingeniería; Buenos Aires, pese a su turbulencia económica, mantiene capacidades científicas que podrían traducirse en propiedad intelectual si se articula mejor el capital de riesgo con la academia.
Y Perú, con su densidad minera y agroexportadora, podría convertirse en un punto clave para tecnologías de trazabilidad, sensores en campo y manufactura de precisión, siempre que logre cruzar política pública con adopción empresarial.
El tablero no está parejo, pero el patrón es claro: el futuro científico se está escribiendo aquí, aunque nadie esté todavía traduciendo el lenguaje de los papers al de la política.



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