Una señal de disrupción. Ingresos, educación, cultura y empresa.
- Victory

- 19 nov
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Actualizado: 21 nov

Cuando las empresas se convierten en universidades: el tablero que la educación no vio venir
Mientras los titulares se obsesionan con si explotará o no la burbuja tecnológica, la realidad es más simple y más incómoda: ya no alcanza ni el capital ni el tiempo para obtener retornos en los plazos que Wall Street exige.
Los grandes fondos lo saben y empezaron a moverse. Este año 2025, por ejemplo, el gobierno de Estados Unidos compró cerca del 15 % de varias compañías privadas dedicadas a la extracción de tierras raras (MP Materials), esos elementos escondidos en la penúltima fila de la tabla periódica que sostienen baterías, semiconductores y sistemas de defensa. Ese movimiento, más cercano al CAPITALISMO AUTORITARIO CHINO que al libre mercado occidental, marca un reordenamiento geopolítico. Pero detrás de esa maniobra hay un cambio mucho más profundo: la disrupción frontal del presente.
Hace algunos años, asesorando a una universidad, utilicé Victory —nuestra metodología basada en juegos de guerra— para mapear no solo competidores actuales, sino competidores improbables del futuro. La pregunta era sencilla y brutal: ¿quién podría quedarse con los treinta mil dólares (o más) que una familia destina a la educación universitaria?
La hipótesis fue clara: un holding global, con marca, tecnología y capacidad de ofrecer mentoría y empleabilidad real, podría arrebatarle a la universidad su flujo económico más estable. Si una empresa decide educar con efectos inmediatos sobre la contratación, la universidad queda reducida a un intermediario caro.
Esa idea, que parecía futurismo, ya es noticia. Palantir Technologies lanzó su Meritocracy Fellowship con un lema directo: “Skip the debt. Skip the indoctrination. Get the Palantir Degree.”
Formación práctica, mentoría, proyectos reales y oportunidades laborales dentro del ecosistema de la compañía. Ni campus ni cátedras ni rectores: solo aprendizaje aplicado y propiedad intelectual. No es una extensión del sistema educativo. Es su sustituto. La primera pieza de una nueva normalidad: empresas enseñando para contratar (evitar robarse talento de millones de dólares... como Meta lo viene haciendo abduciendo gente de OpenAI).
Algo profundo se está reacomodando: las tecnológicas dejaron de vender productos y empezaron a vender conocimiento. La educación, que lleva tres siglos sin una interrupción real, finalmente encontró a su antagonista.
El modelo universitario sigue funcionando como si estuviéramos en 1750:
Un emisor dicta conocimiento,
Los demás lo validan por ritual, no por eficiencia.
Sobrevivió a la industrialización y a la digitalización.
Pero hoy enfrenta un enemigo más rápido que cualquier reforma curricular: la aceleración tecnológica.
Mientras una universidad tarda años en actualizar un pensum, un aprendiz puede dominar nuevas habilidades con un mentor privado en tres meses. Y sí, ya puede salir más barato “pagarle” a Aristóteles por una conversación que sostener toda la maquinaria institucional para certificar un diploma. Ingresos, educación, cultura y empresa, son una fórmula de movilidad social.
El campo de batalla real no es la academia; es el talento.
En un mercado donde la automatización hará redundante a media fuerza laboral, las compañías buscan perfiles creativos, adaptables y capaces de integrar conocimiento diverso. Si pueden formarlos desde adentro, sin deuda y con contrato, ¿Para qué esperar al título?, ¿Por qué no reemplazarlo por un certificado, por un contrato verificable en una blockchain? Está naciendo una ciudadanía corporativa en la que se aprende, se pertenece y se produce dentro del mismo ecosistema. Los grandes conglomerados funcionarán como microestados: tienen cultura, medios, software, reglas… posiblemente educación propia y algunas "monedas estables" gracias a la firma del "Genius Act" en abril del 2025 por Trump.

Cuando planteé esta hipótesis en aquella consultoría universitaria, sonaba exagerada. Hoy es simplemente la realidad dando un pequeño paso. El mercado puede seguir discutiendo si hay o no burbuja, pero la transformación profunda está ocurriendo en muchos más ámbitos del que un medio local puede cubrir: las empresas están colonizando el territorio del conocimiento como mecanismo de eficiencia de su recurso humano.
El futuro de la educación ya empezó en el "campus" de las compañías que aprendan a enseñar.
El tablero bajo sus pies se está moviendo. Dudar en decidir es poner en riesgo a su organización. No usar su talento más valioso en un mismo espacio para definir el rumbo es desaprovechar el pago de ese talento para pensar y reducirlo a un talento operativo.






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